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| Consecuencia del desarrollo económico ya citado, la sociedad helenística presentó una gran diferenciación de clases sociales -otro rasgo que la asemeja a las sociedades actuales- . Al aumentar la riqueza, ésta quedó mal repartido, incrementándose el valor de las cosas sin que progresara el salario de las clases desheredadas. Pese a que raras individualidades intentaron resolver el agudo problema mediante acciones generosas, pero condenadas al fracaso por su carácter parcial, el aspecto general de la sociedad de los reinos helenísticos fue el de un hondo abismo entre una minoría -comerciantes, industriales, políticos, militares- fabulosamente enriquecida y un vasto proletariado obligado a contraer deudas para subsistir y a ofrecer su trabajo por las migajas que se le otorgaban como favor especial. También pudo constituir un antecedente de lo que se verá más tarde en el Imperio Romano el esfuerzo de pretender paliar esta situación mediante generosos repartos de granos a bajo precio o de la celebración de espectáculos públicos gratuitos a lo que en Roma se llamará la plebe. | ![]() |
La religión en esta época.
Un rasgo bien definido de las religiones orientales -y aun de la misma Grecia- fue su carencia de dogmatismo y de intolerancia; el principio de que cada pueblo podía practicar libremente su religión y que no era lícito mezclarse en la religión de los demás pueblos hubo de ser constante en todos los politeísmos orientales -y en el griego- , e incluso en el monoteísmo hebraico, como se ha visto al tratar de él. Como es lógico, al producirse el gran imperio alejandrino, la idea de tolerancia subsistió y hasta llegó al extremo de formar curiosos sincretismos, es decir, unificación de ritos y cultos e incluso identificación de divinidades, cuyo ejemplo más característico fue el ya citado Zeus con Amón en Egipto.
No existió, pues, en el período helenístico ninguna manifestación de lucha religiosa, como abundará en tiempos posteriores, y los pueblos que formaron aquel vasto conglomerado no sólo continuaron practicando sus cultos, sino que aceptaron de buen grado otros procedentes de países distintos. Así, se tuvo, por ejemplo, el culto a Isis, los misterios de Atis y Cibeles, el culto al griego Dionisios y a las divinidades misteriosas de Eleusis; incluso se llegó, como se ha apuntado ya, a la helenización del culto de Jahvé, aunque ésta tropezara con una secta fanática encabezada por los Macabeos.
![]() | Otra característica de la religión de la época helenística fue constituida por una vaga difusión del principio monoteísta, que no procedió ciertamente de los hebreos, sino de las concepciones filosóficas divulgadas por los griegos, con reminiscencias de egipcios y de persas -de Atón y de Ahura Mazda-. Pero lo que sobre todo distinguió a este período fue la preocupación por el más allá que trajo como consecuencia cultos místicos y de salvación futura. |
En el número siguiente: EL PENSAMIENTO HELENÍSTICO.


