Tsunami, nombre japonés que significa ola de puerto. Este fenómeno obedece a causas naturales (volcánicas y sísmicas).  | Una erupción volcánica submarina proyecta sobre el mar una enorme masa de roca candente, lo que origina una ola monstruosa que se alza peligrosamente sobre la superficie. En el caso que el origen de la ola sea un seísmo, este por supuesto es submarino y desplaza brutalmente grandes capas de corteza terrestre comunicando a la masa de agua una energía desmesurada. | También es posible que se origine en el subsuelo marino una enorme burbuja de gas que provoca en el fondo del agua los mismos efectos que una explosión gigantesca. Es esto a lo que el doctor Thomas Gold, profesor de la Universidad de Cornell (EEUU) llama especie de eruptos de la Tierra. Tales eructos se manifiestan en forma de chorros de metano, un gas parecido al butano que se encuentra acumulado en prodigiosas cantidades en el interior de nuestro planeta, generalmente sobre capas de petróleo. La expansión del metano así liberado, comparable a la explosión de un cartucho de dinamita, sería el responsable del Tsunami.
El hecho de que casi nunca guarde relación directa la importancia del seísmo y la del tsunami que provoca llevó a tomar en serio la tesis del doctor Gold. Efectivamente se atribuyen a pequeños temblores de tierra la génesis de mareas terribles.

Hay ejemplos de olas que marchan a la increíble velocidad de novecientos kilómetros por hora. Las perturbaciones producidas por la misma alcanzan los fondos marinos y remueven las aguas que atraviesa, afectando a la fauna de las grandes profundidades.|
Así a todo el Tsunami resulta poco peligroso para la navegación. En alta mar, la llamada ola más peligrosa del mundo es prácticamente inofensiva. En alta mar, la ola sobrepasa raramente los cinco o seis metros, lo que no supone gran cosa para un barco moderno; solo en el momento en que se aproxima a la orilla, o sea, cuando empieza a tocar fondo, es cuando alcanza su máxima dimensión. |  | Y luego se desplaza a una velocidad parecida a la del sonido, de novecientos a 1.200 kilómetros por hora. Otra característica por la que se comprende que no representen riesgos para la navegación, es su tremenda longitud. Mientras que dos crestas sucesivas de Tsunamis están separadas de 150 a mil kilómetros, las olas nacidas de una tempestad, distan de cresta a cresta de un máximo de trescientos metros.
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Por este motivo una ola que en alta mar no produce ninguna molestia al marino, arrasa, asola y destruye todo lo que encuentra a su paso una vez llegada a tierra.
Lamentablemente aunque los avances científicos en el camino de la predicción han experimentado un incremento considerable, todavía estamos lejos de predecir a ciencia cierta la próxima Tsunami que pondrá en jaque a toda una población costera. |
Solo resta mirar hacia el mar y estar alerta a las advertencias de las autoridades en las zonas costeras afectadas por este gigantesco fenómeno.
 
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